domingo, 12 de julio de 2009

Y mezcladas con el polvo de la tierra se perdieron para siempre, las cenizas inútiles de un hombre...

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José Rubén Romero nació un 25 de septiembre de 1890 en Cotija de la Paz, Michoacán. Sin duda su obra, La vida inútil de Pito Pérez, es uno de mis libros favoritos, además es el libro que tengo que ha sido leído más veces (lo que me pone muy feliz). Sé que algunos de ustedes ya lo han leído sin embargo nunca me cansaré de leer estos fragmentos, mis preferidos en el libro, los cuales que ya he memorizado.

Oh, señores ETHOS, ¿Quién soy yo para hablarles de este extraordinario libro? Nadie, mejor dejemos las palabras de una lectora amateur para recibir las de un insigne genio mexicano.

Pues bien, aquí están las palabras del mismo Romero. Para situarme en el corazón de mi parroquia y corresponder al favor de mis viejos lectores, me puse a hilvanar de prisa, La vida inútil de Pito Pérez, ese personaje medio real, medio ficción, que he clavado en mi sementera como un espantapájaros para que no vengan otros gorriones a comerse el poco trigo de mi fantasía. Pito Pérez existió. Aun se descubren por los caminos de Michoacán las huellas de sus zapatones; aun vibran en las calles de Morelia las campanas que pregonaron su triunfo y su derrota. En mi libro, las travesuras regocijadas dueron de él; la tristeza de su vida es toda mía. De él, los donaires y el ingenio; de mí, la rebeldía y la audacia de llamar a las cosas por su nombre y de dar a los hombres su intrínseco valor.

Pito Pérez se ha servido de mí, y yo he abusado de Pito Pérez. Él, desde la eternidad, me dio su vida para que yo la coronara como un divertimiento agradable. ¡Y qué hice con tan inocente legado! Servirme de Pito Pérez para gritar por su boca mis propios sentimientos, para llamarle ladrón al rico, déspota al gobernante, avieso al cura, tornadizas a las mujeres y noble y generoso a Nuestro Señor el Diablo. Cierro los ojos y veo pasar a Pito Pérez, como una sombra melancólica. Va envuelto en sus mismos harapos y mueve la cabeza con pesadumbre, como si me dijese:

“-¿Y qué he ganado yo con tus blasfemias y el mundo con tus rebeldías? Los ricos ultrajan como siempre al pobre y éste, como una paradoja increíble, para poder vivir, sigue dejandose matar por cosas que no le incumben ni le interesarán nunca. Y una interminable procesión de Pitos Pérez viene detrás de mí, cargando con el alma muerta y llevando a rastras la carroña del cuerpo, como un cuerpo, como un árbol desarbolado. ¡Tú pretendiste hacer mi vida inútil, y lo que has hecho es inútil mi muerte!”

Pito Pérez está en lo justo y yo me avergüenzo de haber prolongado su vida, para irrisión de las gentes, en un libro que el tiempo se encargará de matar…

En una entrada anterior había colocado un párrafo del siguiente texto.

TESTAMENTO

“Lego a la Humanidad todo el caudal de mi amargura. “Para los ricos, sedientos de oro, dejo la mierda de mi vida. Para los pobres, por cobardes, mi desprecio, porque no se alzan y lo toman todo en un arranque de suprema justicia. ¡Miserables esclavos de una iglesia que les predica resignación y de un gobierno que les pide sumisión, sin darles nada en cambio! “No creí en nadie. No respete a nadie. ¿Por que? Porque nadie creyó en mi, porque nadie me respeto. Solamente los tontos o los enamorados se entregan sin condición.

¡Libertad, Igualdad, Fraternidad! ¡Que farsa mas ridícula! A la Libertad la asesinan todos los que ejercen algún mando; la Igualdad la destruyen con el dinero, y la Fraternidad muere a manos de nuestro despiadado egoísmo. Esclavos miserables, si todavía alientan alguna esperanza, no se paren a escuchar la voz de los apóstoles: su ideal es subir y permanecer en lo alto, aun aplastando tu cabeza. “Si Jesús no quiso renunciar a ser Dios, ¿que puedes esperar de los hombres?… ¡Humanidad, te conozco; he sido una de tus victimas! “De niño, me robaste la escuela para que mis hermanos tuvieran profesión; de joven, me quitaste el amor, y en la edad madura, la fe y la confianza en mi mismo. ¡Hasta de mi nombre me despojaste para convertirlo en un apodo estrafalario y mezquino: Hilo Lacre!

“Dije mis palabras, y otros las hicieron correr por suyas; hice algún bien, y otros recibieron el premio. “No pocas veces sufrí castigo por delitos ajenos. Tuve amigos que me buscaron en sus días de hambre, y me desconocieron en sus horas de abundancia. “Cercaronme las gentes, como a un payaso, para que las hiciera reír con el relato de mis aventuras, ¡pero nunca enjugaron una sola de mis lágrimas! Humanidad, yo te robe unas monedas; hice burla de ti, y mis vicios te escarnecieron. No me arrepiento, y al morir, quisiera tener fuerzas para escupirte en la faz todo mi desprecio.

Fui un Pito Pérez: ¡una sombra que paso sin comer, de cárcel en cárcel! Hilo Lacre: ¡un dolor hecho alegría de campanas! Fui un borracho: ¡nadie! Una verdad en pie: ¡que locura! Y caminando en la otra acera, enfrente de mi, paseo la Honestidad con su decoro y la Cordura y su prudencia. El pleito ha sido desigual, lo comprendo; pero del coraje de los humildes surgirá un día el terremoto, y entonces, no quedara piedra sobre piedra. “¡Humanidad, pronto cobrare lo que me debes!...

Jesús Pérez Gaona

Y mezcladas con el polvo de la tierra se perdieron para siempre, las cenizas inútiles de un hombre...

"Locos son los que viven sin voluntad de vivir, tan sólo por temor a la muerte, locas las que pretenden matar sus sentimientos y por el qué dirán no huyen con un cirquero; locos los que martirizan a los animales en lugar de enseñarles a amar a los hombres -¿no es cierto, hermano de Asís?-; locos los que se arrodillan delante de un ente igual a ellos, que masculla latín y viste sotana, para contarle cosas sucias, como esas lavanderas que bajan al río todos los sábados, a lavar su camisa, a sabiendas de que a la siguiente semana volverán a lo mismo porque no tienen otra que ponerse, y más locos que yo los que no ríen, ni lloran, ni beben porque son esclavos de inútiles respetos sociales. Prefiero a mi familia, de chiflados y no a ese rebaño de hipócritas que me ven como animal raro porque no duermo en su majada, ni balo al unísono de los otros."

Maldita sea quien tenga que recibir la blasfemia por existir pocas y madreadas fotos de José Rubén Romero.

Fue un verdadero gusto, señores, haber compartido con ustedes esta semana.

Una disculpa por todos los errores de edición.

Gracias.




1 comentarios:

Christian O. Grimaldo dijo...

Cerraste con broche de oro, me encantó tu semana Alina. Una de las cosas que mas me gustan de esto es que se ve la personalidad de todos los que participan, la tuya simplemente fue una semana genial! si no, checa los comentarios jajaja.

La verdad es que te admiro mucho, gracias por unir una parte de ti a nosotros con esta actividad.

Un abrazo de bienvenidad.

Hiciste que me dieran ganas de comenzar la mía ya!

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