miércoles, 21 de octubre de 2009

Niccolò Paganini y su Pacto con el Diablo

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Paganini es sin duda el músico más controvertido y fascinante del siglo XIX. Sus proezas con el instrumento de arco no tuvieron parangón con artista alguno de la época; su capacidad para arrancar notas y melodías increíbles era tal que los oyentes quedaban sin respiración. “Paganini no vence las dificultades porque éstas no existen para él”. Este excepcional virtuoso, para acrecentar su fama pronto hizo correr la leyenda de que como artista tenía un pacto firmado con el diablo. Es sabido que en cuestiones musicales las gentes en general dan más crédito al poder de Mefistófeles que al de los mismos ángeles. La Iglesia, se dice que en base a esto, le negó a su muerte sepultura cristiana.

Hasta la llegada del Príncipe del Violín, nunca virtuoso alguno había llegado a despertar semejante delirio: los admiradores, que precedían a sus conciertos, se disputaban darle fiestas y homenajes; hasta los no aficionados al arte quedaban rendidos a este personaje extravagante y genial.

El genovés era el arquetipo del romanticismo exacerbado: una figura pálida y delgada de riguroso luto, rematada por una rebelde melena le daban un aire espectral e inquietante. A su extraño talento añadía todos los atributos para ser el héroe de la época, una muy marcada por el histrionismo y la desmesura de muchos de sus artistas. Theophile Gautier escribía de Paganini “que ha encerrado el alma de una amante en el sepulcro sonoro de su violín”.

La leyenda se alimentaba de sus excentricidades, como aquella desaparición durante 4 años (1801-1804) que en realidad no fue sino el retiro voluntario a un castillo; la imputación de un asesinato, o la extensa lista de aventuras amorosas constituyen algunos de los rasgos que configuran la panoplia de tan singular artista.

Nació en Génova, el 27 de octubre de 1782, hijo de un obrero del puerto, tosco y escasamente dotado para la música. A los 9 años interpreta en una iglesia un concierto de Pleyel y poco después actúa en el Teatro de San Agostino de Génova con un éxito clamoroso. Al cumplir los 14 años, en 1796, deja en parte el violín por la guitarra, donde llega a ser también un auténtico virtuoso, pero pasados 4 años vuelve a su instrumento preferido, el violín, que no abandonará por el resto de su vida. A partir de aquellos años su carrera como virtuoso sería imparable. A los 17 años huye del hogar familiar diciendo “que me aspen si vuelvo a pisar el sombrío cuartucho donde pasé hambre y recibí palos”.

Desde 1805 a 1809 estuvo al servicio del Príncipe Bacciochi, se le nombró mago del violín de la corte imperial. Nunca se había visto ni nadie podía imaginar algo parecido: ejecutaba obras enteras sobre una sola cuerda.

Respecto de esto de tocar con una sola cuerda, cuentan los estudiosos de su vida que el propósito era la tacañería. Hay una anécdota curiosa de ese mal hábito: salía Paganini de una fiesta que se había dado en su honor y llovía a cántaros, tomo un coche para ir a su hotel. Al final del trayecto le cobró cinco florines, “¡cinco Florines!” replicó escandalizado el artista, “¿cinco florines por una carrera que escasamente vale uno?” “Señor Paganini, le respondió el cochero, usted gana mil tocando una sola cuerda” “Sí, contestó Paganini, el día que usted lleve su coche sobre una sola rueda también podrá pedir lo que se le antoje”.

Fue lo más parecido a un Pop-Star de la época, en Viena todo se volvía a la “Paganini”, los restaurantes preparaban platos a la Paganini, las damas se ataviaban con prendas a la Paganini, se hacían panecillos en forma de violín, los hombres usaban bastones, sombreros, guantes, tabaqueras o pipas a la Paganini.


El violín de Paganini, en el Palacio Municipal de Génova.

Su salud deterioró mucho debido a la tuberculosis laríngea, que le impedía hablar. Falleció a los 58 años el 27 de mayo de 1840. Aunque su fama se basó sobre todo en sus excepcionales dotes como intérprete, su actividad creadora, aunque no muy extensa, es de una gran belleza y merito. Entre 1801 y 1807 escribió las obras que harían prueba plena de su pacto con el demonio, los 24 Caprichos para violín solo. También compuso 12 sonatas para violín y guitarra, 6 conciertos para violín y orquesta, 6 conciertos para violín, viola, violonchelo y guitarra, entre otros. Si actualmente estas obras raramente forman parte de los programas de conciertos a los que lamentablemente pocos acuden, la única razón es la extraordinaria o insuperable dificultad de su ejecución. Pocos artistas han podido alcanzar los retos técnicos y artísticos de sus caprichos.

Su música influenció a List, Schumman, Brahms y Rachmáninoff. Sus restos descansan en el Mausoleo de Parma, después de 6 años de batallas de sus fans para que la Iglesia lo admitiera en sus nichos.



La Campanella, se ha transformado en pieza obligada de todas las generaciones de pianistas, este rondó es una de las páginas más acertadas que escribiera Paganini, observen la dificultad de la pieza, pobrecito Evgeny Kissin, ¡parece que se va a desarmar!, un joven y elegante pianista sudando, literalmente, la gota gorda… eso no se ve todos los días.



Capriccio no. 5, los 24 de ellos son geniales, la dificultad de ésta pieza se ganó la fama de su pacto con Satán.



Yngwie Malmsteen - Evil Eye, si Niccolò Paganini viviera en este siglo, tuviera apariencia extravagante, una actitud de Pop-Star, y un virtuosismo de la guitarra y compusiera sinfonías para orquesta y guitarra, sin duda hubiera reencarnado en Yngwie Malmsteen.



Rachmaninoff - Variación de un tema de Paganini, el alumno rinde tributo al maestro con este tema.




2 comentarios:

Christian O. Grimaldo dijo...

“Paganini no vence las dificultades porque éstas no existen para él”. Genial la frase...

Yo escuché de Paganini por primera vez en un programa de radio fantasmas hace muchos años mientras hablaban precisamente de su pacto con el diablo jajaja, entonces me gustaba oirlo por que me daba la sensación de estar escuchando música interpretada con Satán a un lado.

Interesante que aun después de siglos de su muerte su pacto con el diablo insite a más personas a escucharlo ¿no?

Es mi imaginación o todos los compositores tenían vidas exentricas? será parte de la práctica histriónica que acompaña a los verdaderos artistas? a mi eso me llama la atención.

Muy padre todo, por cierto, sus patilas me recuerdan al Lazcano jajaja

Anónimo dijo...

El tipico musico que nacio muy adelantado a su epoca.

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