miércoles, 19 de agosto de 2009

Los baños de Argel

:) 
En esta ocasión y continuando con la cadena "cervantina" les hablaré de los baños o cárceles en Argelia, en dónde Cervantes estuvo cautivo y el lugar que relata en el libro de "Don Quijote de la Mancha" (bueno solo ese libro he leido, así que no sé si relató estos lugares en alguna otra de sus obras)....

"BAÑOS DE ARGEL"



Geograficamente esto sucedió en...



La República Argelina Democrática y Popular o Argelia, es un país del norte de África perteneciente al Gran Magreb. Siendo el segundo país en superficie de África, limita con el Mar Mediterráneo al norte, Túnez al noreste, Libia al este, Níger al sudeste, Malí y Mauritania al suroeste, y Marruecos y el Sáhara Occidental al oeste.




Constitucionalmente se define como país árabe, bereber (amazigh) y musulmán. Es miembro de la Unión Africana y de la Liga Árabe desde prácticamente su independencia, y contribuyó a la creación de la Unión del Magreb Árabe (UMA) en 1988…….(en árabe, اتحاد المغرب العربي Ittiḥād al-Magrib al-ʿArabī) es un acuerdo de interacción comercial firmado el 17 de febrero de 1989 en Marrakech por los jefes de Estado de Marruecos, Argelia, Túnez, Mauritania y Libia. Tiene su origen inmediato en la primera cumbre magrebí, celebrada en Argel el 10 junio de 1988.
La rivalidad tradicional entre Marruecos y Argelia, además de la cuestión sin resolver sobre la soberanía del Sahara Occidental han bloqueado las reuniones de este organismo desde el año 1994.



Cautivos y corsarios en Argel (s.XVI)....

El nombre de "baño de Argel" proviene del lugar en el que en Constantinopla se amontonaban a los prisioneros cristianos, los antiguos baños. La situación de los esclavos de estos baños era privilegiada. Los prisioneros más humildes eran sometidos a trabajos mucho más duros.




Por supuesto, las vidas humanas eran una de las mejores mercancías. En los "baños" argelinos se acumulaban los prisioneros, quienes, hasta recuperar la libertad a cambio de dinero, eran mano de obra gratuita. Los más útiles y, por tanto mejor cotizados trabajaban en los hogares de sus dueños como sirvientes; los menos valiosos se convertían en esclavos públicos, y trabajaban de barrenderos, leñadores y albañiles en las calles y huertos de la ciudad.



Había una tercera categoría de prisioneros, cuya situación personal, menos promisoria, los encadenaba a las galeras de los barcos como remeros. En última instancia, si se iban con el barco al fondo del mar, no era mucho lo que se perdía. Los de más baja categoría eran los que estaban sometidos al trato más cruel, porque no sólo podían perder las orejas, la nariz, o una mano, sino la vida misma y de la manera más horrible: empalados o ahorcados en la vía pública, como pan y circo para las multitudes que, con más o menos éxito, pululaban por las calles de la ciudad.



En Argel, todo tenía un precio. Los cautivos más relevantes valían, como mínimo, unos cinco mil ducados. El mecanismo del negocio era sencillo y resultaba eficaz: a través de prisioneros que, previo cobro del rescate, eran liberados y volvían a Europa, se hacía saber a las familias qué había pasado con sus respectivos parientes y cuánto debían de pagar si tenían intención de recuperarlos. Los frailes de las órdenes de los trinitarios y los mercedarios solían encargarse de la intermediación. Según las malas lenguas, ciertos miembros de la Iglesia medraban con estos buenos oficios: Entre Europa y Argel, un importante porcentaje de lo recaudado por los familiares de los cautivos iba a parar a sus arcas. Sólo excepcionalmente,A mediados del siglo XVI, la escasez de remeros en las galeras cristianas y musulmanas hizo que la captura de cautivos se volviese un negocio más boyante pero, a la vez, más delicado: no sólo era cuestión de conseguir prisioneros, sino de mantenerlos vivos el mayor tiempo posible y, naturalmente, con el menor coste. Este singular tráfico era una fuente constante de nuevas iniciativas: algunos carceleros argelinos se lucraban facilitando fugas, individuales o en gris; por su parte, en Europa, aparecieron cristianos que montaban expediciones de rescate que solían ser financiadas por familias de cautivos.

En el caso de Miguel Cervantes, su familia no pudo pagar el rescate que les pedían y por eso se intentó escapar tantas veces.....



Fuentes de consulta....
http://mgar.net/africa/argel.htm



http://www.maghrebarabe.org/en/

3 comentarios:

Christian O. Grimaldo dijo...

OOOOh!!! "aprendo! aprendo! aprendooo!"

Debo suponer que ya terminaste el libro del Quijote? no me has dicho para prestarte libros... creo que yo debería terminar el mío :S jajaja, se que algún día volveré a leerlo

Gina O. dijo...

jajaja CASI! lo del imaginario y los papeles de la investigación me traen como zombi....espero poder terminarlo en una semana =)

Arturo J. Mtz. dijo...

Sorprendente! Todo un caso para Derechos Humanos!...aunque lo único que diría para combatir la crueldad vivida sería "te portaste mal, niño malo, no lo vuelvas a hacer".

Ese Cervantes, de veras que mala suerte con él para las fugas...

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