miércoles, 8 de julio de 2009

Honoré de Balzac

:) 
Víctor Hugo lo  describe como un perfecto observador del género humano. Jaime Torres Bodet lo llana “el napoleón de las letras”. En el prólogo de “Ilusiones perdidas” el escritor francés Jules Roman le atribuye la gloria se ser el fundador de la novela moderna y de llevar el honor “con mucha probabilidad y sopesándolo todo”, de ser el más grande novelista que haya habido en el mundo hasta hoy,. No puedo negar  que prefiero al romanticismo de Hugo sin embargo las magníficas descripciones de Balzac se han convertido en unas de mis lecturas favoritas.                                                                                                         Recientemente leí el prólogo de “ El lirio en el valle” hecho por Jaime Torres Bodet. Ahí encontré el retrato más detallado y  rico en análisis de la vida y obra de Balzac del cual hoy vengo a compartir lo que espero que haya sido el extracto más conciso.
 En tours, un 20 de mayo de 1799 nace Balzac ( En realidad, su apellido era Balssa) .Encontramos en se novela Louis Lambert, el retrato más autobiográfico de Balzac.                                                                        Se distingue más por su formación de autodidacto que por sus méritos de discípulo. Si. Balzac cuando disfrutaba de sus años de estudiante en la pensión Lepritre ocupaba el trigésimo segundo lugar entre sus rivales.                                                                                                                                                             De 1816 a 1819 el futuro autor terminó su bachillerato de derecho. Su creación Cromwell, fue analizada por uno de sus profesores, quien dijo que el joven Honoré debía dedicarse a cualquier cosa, excepto a las letras.   Así como lo pueden admirar el la fotografía en la que desgraciadamente no se plasma su carácter indómito y ambicioso, Balzac gustaba se sostener idilios amorosos con mujeres que doblaban su edad. El poco éxito de Cromwell no disminuyó su sed magnífica. Balzac decidió convertirse en otro Walter Scott y en pocos meses produjo una serie de engendros torpes y apasionados, congestionados más que fantásticos, de los cuales no obtuvo ninguna gloria (publicadas con un seudónimo; a menudo Lord R’oone. ) El autor de Papá Goriot adoraba el lujo. Sus novelas se hallan atestadas, como museo de objetos preciosos, dispares y petulantes. Era su ilusión la de figurar junto a lo autores más célebres de Occidente.                                      De marzo de 1829 a enero de 1834, escribiría un total de treinta y siete novelas. Eugenia Grandet le abrió ampliamente las puertas de la celebridad europea, fue ése el relato que el mismísimo Dostoievski  tradujo al ruso.                                                                                                                                                                La producción aumenta en 1832. De los treinta y siete textos ya enumerados, diez relatan asuntos que el novelista da por acaecidos antes del siglo XIX. En ese retrato minucioso de la sociedad francesa de aquella época, En la comedia humana, encontramos como virtudes supremas su audacia Psicológica, su fervor oscuro, su abundancia implacable y alucinante, su expresionismo…Todas estas virtudes se encuentran en un siglo sobre un mural con sus escenas sobre la vida cotidiana, sus escenas de la vida privada, sus escenas de la vida militar, sus escenas de la vida de provincia y sus escenas de la vida parisiense… ¡y tantas otras como le sería necesario inventar para hacer una competencia honorable al registro civil!.
Muchos críticos lo han comparado con el stendhaliano Julián Sorel, ansioso también se triunfos aristocráticos.                            
A partir de 1833 los aprendizajes de Balzac pueden considerarse concluidos.                                                    Su corazón hipertrofiado se dedica a atormentarlo. Desde el 21 de mayo hasta la noche del 17 al 18 de agosto de 1850, en que falleció, la existencia del novelista es una agonía tremenda y desmesurada. Una peritonitis lo abruma. El 21 de agosto se celebraron las honras fúnebres. El entierro se llevo a cabo, el mismo día, en el cementerio de Père-Lachaise, tantas veces evocado en su obra.   Para rendir tributo al creador de la piel de zapa, se reunieron hombres como Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Sainte-Beuve, Chassèriau, Henri Monnier y Ambroise Thomas.
Víctor Hugo dijo en su oración fúnebre:                                                                                                            “El señor Balzac era uno de los primeros entre los más grandes y uno de los más entre los mejores… Todos sus libros han formado un solo libro –vivente, luminoso, profundo, en el que vemos ir y venir, y marchar y moverse, con no sé qué de azorado y terrible, confundido con lo real, toda nuestra civilización contemporánea. Libro maravilloso que el poeta llamo La comedia y que hubiera podido llamar La historia; libro de imaginación y de observación, que prodiga lo verdadero, lo intimo, lo burgués, lo material, lo trivial, y, por momentos, a través de todas las realidades deja entrever de pronto el ideal más sombrío y también más trágico. A hurto suyo, quiéralo o no, el autor de esa obra inmensa y extraña pertenece a la fuerte estirpe de los escritores revolucionarios. Balzac va a la meta derechamente, lucha cuerpo a cuerpo con la sociedad moderna; Arranca a todos alguna cosa: La ilusión a unos, la esperanza a otros y a éstos un grito de pasión… Semejantes féretros demuestran la inmortalidad. En presencia de ciertos muertos ilustres, se siente con mayor precisión el destino divino de la inteligencia del hombre, que cruza con la tierra para sufrir y purificarse. Y nos decimos: es posible que quienes fueron genios durante su vida no sean almas después de su muerte”.
Balzac observó, observó sin tregua y si no hubiera  sido un observador en extremo fiel, no hubiera llegado a ser un inventor tan audaz de cuanto observaba. Captaba los trazos fundamentales de cada ser, como capta el buen caricaturista los rasgos decisivos de cada rostro. No para repetirlos ingenuamente, con intención de fidelidad, sino para exhibirlos y exacerbarlos hasta que la nariz, o la boca, o la barba del personaje produzcan risa..                                                                                                    
  La comedia humana es, positivamente, la prodigiosa cantera de toda la novela contemporánea. Incluso los problemas ideales de Dostoievski, los que más apreciamos en su talento, Balzac los tocó un instante, con una mano quizá furtiva, pero descubridora. Había en Balzac un sociólogo fabuloso pero ese sociólogo obedecía a la voluntad de un poeta insigne. Mientras creía estar escribiendo la historia del sigo XIX, lo que a sus manos trazaban no era la historia, sino la leyenda de esa época.
 Jaime Torres Bodet
 LA COMEDIA HUMANA
 Escenas de la vida privada
Memorias de dos jóvenes casadas
Alberto Savarus
La mujer de treinta años
La mujer abandonada
El contrato de matrimonio
Modesta Mignon
Beatriz
El coronel Chambert

Escenas de la vida de provincia
Úrsula Mirouet
Eugenia Grandet
El cura de Tours
El gabinete de los antiguos
El lirio del valle
Ilusiones perdidas

Escenas de la vida parisina
Papá Goriot
Esplendores y miserias de las cortesanas
Ferragus
La duquesa de Langueais
La muchacha de los ojos de oro
César Birotteau
La mansión Nuncigen
Los empleados
La prima Bette
El primo Pons
Los pequeños burgueses

Escenas de la vida política
      Un asunto tenebroso
      El reveso de la historia contemporánea
      El diputado de Arcis

Escenas de la vida militar
Los chouanes
Escenas de la vida en el campo
      El médico de aldea
      El cura de aldea
      Los campesinos

Estudios filosóficos
La piel de zapa
La despedida
La búsqueda de lo absoluto
Jesucristo en Flandre
Maximila Doni
Sobre Catalina de Médicis
Louis Lambert
Seraphita

Estudios Analíticos
      Fisiología del matrimonio
      Pequeñas miserias de la vida conyugal

Teatro
Vautrin
Los recursos de Quinota
Pamela Giraud
La madrastra



“¡Cuatro hombres habrán tenido una vida inmensa: Napoleón, Cuvier, O’Connell, y  quiero yo ser el cuarto! El primero vivió la vida de Europa: se inculcaba ejércitos. El segundo se desposó con la tierra. El tercero encarnó a todo un pueblo. Yo habré llevado, dentro de mi cabeza. a toda una sociedad”…



Si alguien, un afortunado día llega a tener entra sus manos “esplendor y miserias de las cortesanas”  (y mejor aún llega a tener el nobilísimo gesto de prestármelo) se ganaría mi agradecimiento eterno. He estado buscando esa novela durante mucho tiempo pero para mi mala suerte parece no estar en ninguna librería, ni siquiera en usados.

1 comentarios:

Christian O. Grimaldo dijo...

me gustó mucho la frase final :)

Creo que muchos escritores tienen la capacidad de desempeñar cambios más amplios que algunos profesionistas "seriamente" dedicados, la historia no sería la misma sin personajes como los que has mencionado, el sentido de trascendencia que han alcanzado es de alto simbolismo, ya no son sólo sus palabras, sino lo que significan en cada lugar histórico lo que los hace grandes.

Todos llevamos dentro de nuestra cabeza una sociedad, pero pocos pueden representarla como ellos, más que llevarla creo que ellos formaron una fuera de su cabeza y eso es lo que más admiro.

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