jueves, 21 de octubre de 2010

La Belle Époque

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La Belle Époque o Bella Época, es un periodo histórico que inicia en la última década del siglo XIX (1890) y concluye entre los años que comprenden al hundimiento del Titanic (1912) y el comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914). Estuvo caracterizado por una gran euforia y optimismo, producto de los avances sociales, artísticos, tecnológicos y científicos de la época. Además, este nombre nace en Paris, Francia, el cual responde a una visión nostálgica que tendía a embellecer el pasado europeo como un paraíso perdido tras el trauma de la Primera Guerra Mundial.

Durante la bella época se produjeron una serie de cambios que cambiarían definitivamente el futuro de la humanidad. El crecimiento de las ciudades cambió los hábitos de las personas. Se creaba el descanso dominical y la reducción de la jornada laboral, esto creó a su vez un tiempo libre que tenía que ser ocupado de alguna manera: se fomentaron la práctica de deportes físicos vistosos para el público con el fin de fomentar los vínculos familiares y sociales; surgen el fútbol y el rugby en Inglaterra; el básquetbol, el béisbol y el fútbol americano en los Estados Unidos. Con la incursión del ferrocarril, miles de personas comenzaron a trasladarse los fines de semana en excursión a otras ciudades, al campo o al mar. El auge tecnológico hizo necesario el fomento de la educación en todos sus niveles, las noticias del mundo exterior se difundían más rápidamente gracias al ferrocarril, el avión y el telégrafo, la difusión del conocimiento comenzó a globalizarse.

La mejora de las tecnologías propició una mayor difusión del conocimiento; nace el Psicoanálisis de Freud, se mejora la cámara fotográfica, nace el fonógrafo y se crea el cine (mudo) como tal. La música dio un paso estrepitoso hacia el futuro; aparece el Blues y se forja el Jazz como un nuevo manifiesto de protesta producto de la situación de los pueblos oprimidos en los Estados Unidos. Al mismo tiempo, en Europa, el optimismo se reflejó en las modas de temporada de los prestigiosos diseñadores franceses de la época, y con la adopción del café como un producto de sofisticación y madurez intelectual, nacen las cafeterías; éstas se convertirían en el punto de reunión de las principales mentes intelectuales, artísticas y políticas del momento, y en donde se hablaba de las tendencias culturales, sociales, políticas y artísticas de vanguardia.

Así es, a Freud le gustaban los Capuchinos

El arte entonces, en sus diferentes formas, proyectaba la situación social que se vivía; nace el dadaísmo como una protesta nihilista angustiosa, pero a la vez irónica, contra la guerra y la sociedad misma que la había engendrado. Después aparece el surrealismo, corriente artística que también rechazaba el arte tal como se conocía hasta ese momento, propendía igualmente a la provocación y los artistas se sentían atraídos por la revolución social; era algo más que una mera protesta negativa, como cabe esperar de un movimiento originado básicamente en Francia. Y aparece el constructivismo como una incursión a las construcciones tridimensionales básicas, preferiblemente móviles, representadas en las norias, las montañas rusas, etc.

Finalmente, aquellos inventos maravillosos del desarrollo tecnológico perderían su imagen mágica cuando fueron utilizados para la guerra, anunciando el final la bella época, la era de la paz, el progreso y la vanguardia terminaba, dejándole a la humanidad una estela de nostalgia y una profunda y dolorosa lección sobre sus límites y sobre todo lo que había engendrado.

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