jueves, 2 de julio de 2009

El Arte de la Medicina

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El Arte de la Medicina

Para esta entrada opte por este fragmento de joya literaria del gran pensador Mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi “El Periquillo Sarniento”
Este es el fragmento encontrado en el capitulo seis del libro segundo y representa uno de los sermones que el periquillio hubo de sufrir de parte de el señor cura de tula cuando ahí se fingió medico.

“Muy bien sé que la medicina es un arte muy difícil; sé que el aprenderla es muy largo; que la vida del hombre aún no basta; que sus juicios son muy falibles y dificultosos; que sus experimentos se ejercitan en la respetable vida de un hombre; que no basta que el médico haga lo que está de su parte, si no ayudan las circunstancias, los asistentes y el enfermo mismo en cuanto les toca; sé que esto no lo digo yo, sino el príncipe de la medicina, aquel sabio de la Isla de Coo, aquel griego Hipócrates, aquel hombre grande y sensible cuya memoria no perecerá hasta que no haya hombres sobre la tierra, aquel filántropo que vivió cerca de cien años y casi todos ellos los empleó en asistir a los míseros mortales, en indagar los vicios de la naturaleza enferma, en solicitar las causas de las enfermedades y la eficacia y elección de los remedios, y en aplicar su especulación y su práctica al objeto que se propuso, que fue procurar el alivio de sus semejantes. Sé todo esto, y sé que antes de él los míseros pacientes, destituidos de todo auxilio, se exponían a las puertas del templo de Diana en Éfeso y allí iban todos, los veían, se compadecían de ellos y les mandaban lo que se les ponía en la cabeza. Sé que los remedios que probaban para tal o tal enfermedad se escribían en unas tablas que se llamaban de las medicinas. Sé que el citado Hipócrates, después de haber cursado las escuelas de Atenas treinta y cinco años, desde la edad de catorce, y después de haber aprendido lo que sus médicos enseñaban, no se contentó, sino que anduvo peregrinando de reino en reino, de provincia en provincia, de ciudad en ciudad, hasta que encontró estas tablas, y con ellas y con sus repetidas observaciones hizo sus célebres aforismos. Sé que después de estos descubrimientos se hizo la medicina un estudio de interés y de venalidad, y no como antes, que se hacía por amistad del género humano.


Todo esto sé y mucho más que no refiero por no cansar a los que me oyen; pero también sé que ya en el día no se escudriña el talento necesario que se requiere para ser médico, sino que el que quiere se mete a serlo aunque no tenga las circunstancias precisas; sé que en cumpliendo los cursos prescritos por la Universidad, aunque no hayan aprovechado las lecciones de los catedráticos, y en cumpliendo el tiempo de la práctica, ganando tal vez una certificación injusta del maestro, se reciben a examen, y como tengan los examinadores a su favor, o la fortuna de responder con tino a las preguntas que les hagan, aun en el caso de procederse con toda legalidad, como lo debemos suponer en tales actos, se les da su carta de examen, y con ella la licencia de matar a todo el mundo impunemente.
Esto sé, y sé también que muchos médicos no son como deben ser, esto es, no estudian con tesón, no practican con eficacia, no observan con escrupulosidad, como debieran, la naturaleza; se olvidan de que la academia del médico y su mejor biblioteca está en la cama del enfermo más bien que en los dorados estantes, en los muchos libros y en el demasiado lujo; y mucho menos en la ridícula pedantería con que ensartan textos, autoridades y latines delante de los que no los entienden.
Sé que el buen médico debe ser buen físico, buen químico, buen botánico y anatómico; y no que yo veo que hay infinidad de médicos en el mundo que ignoran cómo se hace y qué cosa es, por ejemplo, el sulfato de sosa, y lo ordenan como específico en algunas enfermedades en que precisamente es pernicioso; que ignoran cuáles son y cómo las partes del cuerpo humano, la virtud o veneno de muchos simples, y el modo con que se descomponen o simplifican muchas cosas.
Sé también que no puede ser buen médico el que no sea hombre de bien, quiero decir, el que no esté penetrado de los más vivos sentimientos de humanidad o de amor a sus semejantes, porque un médico que vaya a curar únicamente por interés del peso o la peseta, y no con amor y caridad del pobre enfermo, seguramente éste debe tener poca confianza, y lo cierto es que por lo común así sucede.
Los médicos, cuando se examinan, juran asistir por caridad, de balde y con eficacia a los pobres: ¿y qué vemos? Que cuando éstos van a sus casas a consultarles sobre sus enfermedades sin darles nada son tratados a poco más o menos; pero si son los enfermos ricos y mandan llamar a su casa a los médicos, entonces éstos van a visitarlos con prontitud, los curan con cuidado, y a veces este cuidado suele ser con tal atropellamiento (si no hay implicación en estas palabras), que con él mismo matan a los enfermos”

Y yo Sofía sé que estos ideales de medico descritos por Lizardi en esta obra que data de 1816 son casi utópicos para cualquier ser humano, pero al menos para mí se trata de avanzar en esa dirección. Es curioso, no? Como estos aspectos criticables y controversiales del médico de principios del siglo XIX nos suenan tan familiares. Empezare por mi persona…

6 comentarios:

Ezequiel dijo...

Estoy empezando a creer que estudias medicina... estudias medicina?
PS: Muy bonito texto.

Alina dijo...

Me atrevo a decir que el periquillo sigue siendo uno de mis libros favoritos.

"Ultimamente, os mando y encargo, que estos cuadernos no salgan de vuestras manos; pero si tenéis la debilidad de prestarlos alguna vez, os suplico no lo los prestéis a las viejas hipócritas, ni a los médicos y abogados chapuceros..."

Ouch. En serio, a veces, me caen bien los médicos.

Christian O. Grimaldo dijo...

"La academia del médico y su mejor biblioteca está en la cama del enfermo más bien que en los dorados estantes, en los muchos libros y en el demasiado lujo; y mucho menos en la ridícula pedantería con que ensartan textos, autoridades y latines delante de los que no los entienden."


Un enfermo me dijo ayer en resumidasd cuentas que estaba bien que lo trataran mal por que no pagaba mucho en el hospital civil, y si lo tratarán bien tendría que pagar más... ayer te comentaba en ese mismo sentido que el buen trato no se vende.

El periquillo Sarniento es una obra genial, Alina tiene buenos gustos ;) no puedo evitar recordar todos los desmanes que hizo fingiendo ser un médico y ese discurso me hizo pensar tanto... lo que dice ahí no aplica sólo para la medicina y yo me llevo una parte del discurso conmigo, ese libro enseña muchas cosas.

Por otro lado me da gusto que haya optado por la literatura en el día artístico.

Es una buena semana :) quedate con nosotros

Christian O. Grimaldo dijo...

Ohhh por cierto!!! Alina ha escrito! bienvenida Alina :)

David Rodríguez Cabezas dijo...

¿Acaso estudias medicina? Me Gustó el plagio di plagio que acabas de escribir, muy bien, exce-leen-te. Me gusta la imagen del Doctor Tulp, representa una típica clase, no solo de medicina, de todas las carreras que existen: Tipos con cara de sorpresa, de interés, otros que les vale, otros pensando en que preguntar.

José Carlos dijo...

Estudias medicina? o.O, jajaja, ntc.

Es muy cierto lo que dices en tu último parrafo, y no solo aplicado a los medicos donde hacen lo que no y no hacen lo que deberian; si no casi en todas las profesiones impera la incongruencia de los actos que profesan.

Estariamos mejor con AMLO (mmmm NOOO!!)

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