lunes, 30 de marzo de 2009

Martes: Niños Ferales

:) 
HOLA HOLA
un día escuche en la tele el término feral, y al investigar qué era me tope con todo esto.
Un niño salvaje o niño feral es una persona que ha vivido apartada de la sociedad durante un largo período de su infancia. Esta categoría incluye desde personas que no han tenido el más mínimo contacto humano durante años hasta niños que han sido confinados en sitios donde solamente se les alimentaba. Se han conocido pocos casos pero han sido muy estudiados por su interés sociológico, médico y lingüístico.
El término feral proviene del latín ferālis ('feroz, letal'), y éste de fera: 'fiera, animal salvaje'. La Real Academia Española lo define como un adjetivo en desuso, que significaba 'cruel, sangriento'.
Criados por animales
Hay registro de niños criados presuntamente por animales, sobre todo por lobos, aunque también por osos, monos o gacelas. A lo largo de la literatura nos encontramos con muchas referencias a este fenómeno, desde el caso de la loba que amamantó a Rómulo y a Remo, fundadores de Roma según la mitología,
Genie
Genie (nacida 18 de abril de 1957) es el nombre que las autoridades del estado de California le dieron a una niña descubierta en en el suburbio angelino de Arcadia el 4 de noviembre de 1970. Es uno de los casos representativos de los llamados niños ferales, y, posiblemente, el mejor documentado de todos ellos, si bien el paradero actual de Genie es un misterio.
El término Genie, según la Dra. Jeanne Butler, una de las especialistas que trabajaron con la niña, viene de la idea de un espíritu mágico encerrado en una botella, esperando a salir.
Genie nació con un peso normal respecto a la media, pero sufría de una dislocación congénita de cadera que la obligaba a llevar una tablilla en esa parte del cuerpo. Comenzó a hablar un poco tarde, a los 20 meses. Un médico familiar sugirió que la niña presentaba problemas de aprendizaje y que posiblemente también un retraso mental. Clark tomó esta situación al extremo, llegando a creer que las autoridades le quitarían a su hija, o que sería llevada a una institución especializada, y que era su deber proporcionarle un tratamiento doméstico y protegerla de los peligros del mundo exterior.
La suerte de Genie quedó echada desde ese momento. Hasta los 13 años de edad, Genie no tuvo contacto alguno con el mundo, ni con persona alguna, salvo su padre. Pasaba los días encerrada en su cuarto, ataviada únicamente con un pañal y atada a una silla-orinal (potty chair, silla entrenadora en inglés). Cuando era de noche, su padre la colocaba en una especie de bolsa de dormir, la ataba y la dejaba dentro de una jaula hecha de alambre y madera, cuando no se le olvidaba y la niña pasaba las noches sin protección alguna en la silla. Tenía prohibido emitir sonidos o hacer ruido. Si llegaba a hacerlo, su padre la golpeaba o le ladraba como un perro feroz para asustarla. Ni siquiera le enseñó a comer o a ir al baño por sí sola. Su alimentación, hasta los 13 años, consistió en comida de bebé, cereales y huevos cocidos, todos los cuales le eran proporcionados de mano.
Su habitación, si es que se podía llamar así, era un cuarto sellado sin ningún adorno en las paredes. No tenía acceso a radio, televisión, ni a material didáctico. Lo único de lo que disponía (cuando no estaba atada) era de algunos envases de queso cottage, un par de impermeables de plástico, estambre y revistas viejas de TV Guide. Si acaso llegaba a oír palabras, éstas eran agresivas. A la edad de 13 años, la niña sólo entendía 20 palabras, la mayor parte de las cuales eran negativas, como "stop it" (para ya), "no more" (ya basta) y "no".
Los demás habitantes de la casa no vivían de manera muy diferente, pues debían permanecer cautivos (aunque a ellos se les permitía salir de vez en cuando). Cuando no les era permitido, el padre se sentaba con una pistola cargada a observarlos. También les estaba estrictamente prohibido dirigir palabra alguna a Genie.
En la habitación de Genie, a pesar de estar sellada y con las ventanas tapadas, había un pequeño hueco en la parte superior del cristal de éstas, con lo que Genie posiblemente haya escuchado la música de piano que un vecino solía poner y los aviones que pasaban por el lugar. Su vista del mundo se reducía a 5 centímetros de cielo y parte de la casa de dicho vecino.
En 1970, cansada de los abusos y las palizas, Irene (mamá de Ginie) logró escapar, llevándose a sus hijos y huyendo con su madre. Debido a que la situación económica era precaria, por decir lo menos, no disponía de dinero para operarse y recuperar la vista. Por tal motivo, el 4 de noviembre de 1970 acudió a una oficina de beneficencia en Temple City a buscar apoyo del Estado. La trabajadora social que la atendió notó de inmediato que la niña que iba con ella usaba pañales, miraba puntos indefinidos en el espacio y sostenía sus manos como si estuviera apoyada en una barandilla imaginaria, mientras hacía ruidos infantiles. Pensó que era autista, y que no tendría más de siete años de edad. Al descubrir que en realidad tenía trece, llamó a su supervisor, quien dio aviso a la Policía. Inmediatamente la niña fue puesta en custodia y los padres acusados de negligencia y maltrato infantil. Quedó claro, sin embargo, que, Irene tendría más posibilidades de defensa, considerando además el hecho de que era una víctima de violencia doméstica. Con esto en mente, poco antes de comenzar el juicio, Clark se suicidó
La niña fue llevada al Children's Hospital de Los Angeles y de inmediato se notó su extraña y comprensible actitud: su modo de andar era similar al de los canguros, estornudaba, escupía y rasguñaba. Casi no emitía sonidos y se dedicaba a buscar objetos con los que intentaba masturbarse regularmente, sin importar el lugar donde se hallase o las personas que estuviesen a su alrededor. Sin embargo, cuando los médicos del hospital lograron enseñarle a vestirse por sí misma y a responder algunas preguntas comenzaron a tener mayor confianza en que la niña podría tener un nivel de desarrollo aceptable.
Otros eran más escépticos. La cuestión fundamental era si era posible aprender a esa edad, y qué tanto influye el ambiente en el desarrollo de las habilidades lingüísticas, sobre todo. Justo en ese momento, gente como Eric Lenneberg y Noam Chomsky establecían una crítica contra las teorías del lenguaje, el segundo atreviéndose a postular que el mismo es innato de alguna manera en el ser humano, que no necesariamente es producto de la civilización, sino un proceso natural.
Lenneberg, por su parte, decía que hay cierto umbral del desarrollo en que el cerebro está diseñado para aprender tareas como el lenguaje. Pasado este tiempo, es inútil tratar de enseñarle el mismo.
Susan Curtiss nos hace mención de la anécdota con cierto carnicero que solía ir en ocasiones al hospital a ver a Genie. Cuenta que entre ellos se estableció un lazo muy especial, que parecían entenderse, y que, al llevarle un trozo de carne como obsequio, la niña lo escudriñaba, se sentía admirada de su forma, y, particularmente, parecía tener predilección por el tacto en los labios.

Por diversas rezones el equipo de estudio dejo de recibir recursos economicos y hasta fueron acredores de una orden de restriccion hacia Ginie, por lo que tras un juicio, la niña fue enviada con su madre, quien se había operado la vista, y que después de unos meses se dio cuenta de que hacerse cargo de Genie era una tarea muy complicada. Pero, debido a que los términos legales del juicio establecían que los médicos del equipo original de Genie no tenían derecho a acercársele, la mujer tomó las decisiones que creyó pertinentes, sin consultar a nadie. Eventualmente, Genie vivió en seis hogares adoptivos, en algunos de los cuales fue nuevamente maltratada y experimentó regresiones, sobre todo después de cierto incidente en uno de ellos, donde, después de ser severamente castigada (no se sabe exactamente de qué manera) por vomitar, adquirió nuevamente el miedo a abrir la boca, con lo que nuevamente dejó de hablar. Actualmente se desconoce el paradero de Ginie.
deje los hipervinculos para que puedan, si quieren consultar los otros casos documentados.

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